domingo, 2 de octubre de 2016

Un nuevo puente en espiral

Ahí cerquita del cruce de Almirante Brown y Pérez Galdos, doblando apenas por la calle Necochea, uno se encuentra con una pequeña puerta decorada con estrellas azules. No más cruzar la puerta, y es como entrar en otro mundo posible. Cecilia y Dani llevan adelante el comedor Copitos desde hace muchos años, poniendo su empeño para que los chicos de La Boca sientan que tienen allí un espacio donde crecer, jugar, expresarse y ser escuchados. Comprometidas con su tarea, disponibles y siempre con un sentido del humor agudo y sonriente, nos reciben con los brazos abiertos y ahí nomás ya empezamos a planificar el próximo taller de Libro Puente... aquel que iría a cerrar el primer viaje circular de este proyecto.




De nuestra parte, volvimos junto a la otra Cecilia, aquella que había puesto su mano y su danza en los comienzos de esta idea, ayudando a que todo pudiera tomar forma y salir a la luz. Volvimos con el libro de los niños de Sucre bajo el brazo, y con la felicidad del retorno al lugar donde todo había comenzado. 
Ahí estabamos cruzando aquel umbral de estrellas azules: Listos para comenzar un nuevo puente en espiral, que quien sabe por qué caminos nos hará viajar...

¡Salimos por la radio!



Columna de literatura de Bianca Lanza



Ya de vuelta en Argentina, y camino a cerrar el ciclo llevando el libro de Sucre a la Boca, nos cruzamos con Bianca Lanza, que nos realizó una linda entrevista para su columna de literatura en Radio del Plata.


jueves, 30 de junio de 2016

El libro terminado

Y así quedó la primera página de Extendiendo mi amistad, el libro de los NATs. Descubrimos que Argentina para ellos es una tierra querida y cercana. Tal vez por los lazos que crean las personas que viajan de un lado a otro, tal vez por la historia común, lo cierto es que los chicos dedicaron sus dibujos con mucho amor.


Nos reunimos con el grupo de ex-NATs para mostrarles el libro terminado, hacer una pequeña evaluación de la experiencia y agradecerles por el apoyo recibido.


De nuestro lado fue una experiencia significativa trabajar con los NATs, ya que ellos nos dejaron muchas impresiones de esas que llegan al corazón. Nos preparamos para partir de Sucre con un nuevo tesoro en nuestro equipaje y con la alegría de saber que allá lejos, en el sur, en el comedor Copitos, los chicos iban a leer mensajes como este que escribió Luis Miguel, presidente del gremio de los brillitos:
"El mundo en el que vivimos es saludable porque vivimos en el ella, comemos en ella, crecemos en ella. La vida es muy feliz"







Los niños trabajadores del cementerio en el CIMET

El CIMET nos recibió con mucha calidez de parte de los niños y de Edil, uno de los educadores del centro que trabaja con ellos a diario. Los chicos iban llegando y sumandose a la actividad prestando dedicación a sus dibujos y mensajes. Luego de almorzar todos juntos volvimos a la sala para que ellos terminaran sus trabajos y cerramos la jornada con la narración de un cuento para todos.


Los brillitos y semillitas en la plaza 25 de mayo

Y finalmente llegó el sábado y nos encontramos desde temprano en la plaza. Mientras los chicos iban llegando, miraban con entusiasmo el libro hecho por los chicos de Toconao.


Nuestra querida amiga María estuvo presente, asistiendo a los chicos durante toda la actividad.


El maravilloso paisaje de los valles chuquisaqueños llegó a las hojas del libro.


Ronald nos acompañó en el cierre del taller. Fue una jornada alegre y nutritiva para todos los que participamos.


¡A todos los niños muchas gracias! 
También agradecemos especialmente a María y a Ronald por su disponibilidad, colaboración y presencia.

Héroes Anónimos en Sucre

Hay momentos en donde uno siempre parece llegar al lugar oportuno. Espacios propicios donde una acción toma forma, multiplicandose en eventos y coincidencias, y sigue su curso, avanzando como un río. En Sucre cada idea parece propagarse rápidamente y encontrar su justo lugar.

Con la ayuda de María, Ronald y varios de los chicos que hoy en día conforman la agrupación de ex-NATs, organizamos dos jornadas de trabajo con tres gremios: los semillitas, los brillitos, y los trabajadores del cementerio. La primera jornada sería en la plaza 25 de Mayo y la segunda en el CIMET (Centro Integral del Menor Trabajador).

Pronto una red de ayudantes anónimos se desplegó para conseguir todo lo necesario para realizar el libro. Los materiales fueron apareciendo desde distintos rincones de la ondulante ciudad.
Se acercaba el día del primer taller y de repente, una tarde, María apareció con una gran sonrisa y una bolsa llena de colores y papeles. Sachets de yogurth y pancitos llegaron también desde otro anónimo rincón para poder ofrecer un refrigerio a los pequeños artistas. Todo estaba listo para comenzar.




miércoles, 1 de junio de 2016

NATs de Sucre

En Bolivia los niños, niñas y adolescentes que trabajan en la calle están amparados por las leyes. Están organizados y unidos, y aprenden a cuidarse unos a otros.

El Libro Puente va recorriendo distintas realidades, abriendo puertas a mundos que se levantan frente a uno con todas sus aristas y matices. La realidad de los niños y niñas trabajadores de Bolivia fue una de las páginas de este proceso, de este proyecto... Un mundo que nos abrió sus puertas y nos dejó vislumbrar sus paisajes.


Si hay algo que nos quedó resonando de nuestro contacto con ellos, es esa capacidad vital de transformar lo que ha sido recibido, inventar otras posibles respuestas a cada pregunta del abismo y, después de todo esto, sentir como ellos sienten: que aún poseen mucho para dar y que esto que les ha tocado vivir les ha permitido desarrollar otros recursos.
Dejamos unos videos realizados hace varios años con los testimonios de los protagonistas.

Llegando a Sucre, Bolivia

Entramos en la ciudad al amanecer. El día transcurrió lento y tranquilo mientras nos reencontrábamos con este hermoso lugar, amparados por sus cielos repletos de espesas nubes y la calidez de su gente. Esa misma noche nos reunimos con nuestros amigos y, bajo el murmullo de la plaza 25 de mayo, se empezó a planear el encuentro del libro de Toconao con sus destinatarios: los niños, niñas y adolescentes trabajadores (NATs).



No por acaso habíamos llegado a esta ciudad.
Guille había conocido a María muchos años antes, cuando trabajaban juntos en el Centro Ñanta, antes Comedor La Calle, un espacio que estaba destinado a reunir a los niños trabajadores, brindando educación, almuerzo y talleres de arte y música.



En Chile contactamos a María para ver las posibilidades de llevar el libro puente al Centro Ñanta, para nuestra sorpresa ella nos contó que el Centro estaba inactivo hacía un tiempo, así que decidimos seguir adelante y con el mismo espíritu reunirnos con los niños en donde tuviéramos oportunidad.

martes, 19 de abril de 2016

Retrato de frontera




Cuando las aguas fueron cambiadas


Sobre la desolada ruta 21 hacia Bolivia, la noche nos agarró desprevenidos y nuestros pasos nos llevaron a un pequeño pueblo perdido entre volcanes. 
Los carteles indicaban que San Pedro estaba a dos kilómetros. Avanzando por un camino de tierra vimos, a nuestra izquierda, un rectángulo gigante con edificios que se fundían en la vaga luz. ¿Es un cementerio? Seguimos adelante a paso rápido, para combatir el frío que cada vez se hacía más presente, hasta que entramos en el poblado. Si, era un cementerio. 
Una vieja estación de tren se erguía solitaria, con cierta sordidez interrogante… cruzamos las vías mientras las preguntas tomaban forma alrededor nuestro. ¿Pasaría algún tren? ¿Existía vida en aquel pueblo? ¿Dónde estaban las personas? 
Había una sola construcción con la luz centellando a través de sus ventanas… el resto, silencio.
Tocamos la puerta y salió una mujer, le explicamos que buscábamos un plato de comida y un refugio para la noche. Ya no queda nada, dijo; pero ante nuestra insistencia rebuscó en la cocina y nos anunció que algo podría preparar. Advirtió, también, que debíamos preguntarle al dueño acerca de la posibilidad de pasar la noche allí; pero él llega recién a las once, comentó. 
Agradecidos ante la idea de comer algo caliente y poder escapar un poco del frío que, para ese momento, ya comenzaba a picar en las manos, nos refugiamos en aquel comedor. No éramos los únicos: había otros hombres, parecían trabajadores y después supimos que eran mineros confinados en aquel pedacito de mundo. Cenamos. Esperamos pacientemente bajo la música de un televisor sonando, a todo volumen, las dramáticas canciones de una telenovela chilena: “sortilegio”, acompañados por un termo de agua caliente para preparar té o café, que presenciaba nuestras conversaciones sobre el viaje. 
Finalmente llegó el dueño del lugar. Nos sorprendió, pues tenía una sonrisa reconfortante y pronto le contamos nuestra historia. El entendimiento se hizo presente, más rápido que el viento, en ese lugar inesperado… sin darnos cuenta, el libro puente ya estaba desplegado sobre la mesa y, nuestro amigo y las cocineras de aquel lugar se amontonaron sobre el, disfrutando cada una de sus paginas. Todo el frío que se acumulaba fuera parecía haberse disipado en aquel pequeño encuentro. Y, como sucede en cualquier intercambio, luego nosotros escuchamos la historia de ellos: 
El hombre nos relató cómo fue que un pueblo floreciente y próspero había pasado a ser poco mas que un páramo. En años pasados, San Pedro crecía a los márgenes de un río de montaña, que permitía el desarrollo de pequeños pastores y agricultores. Era un pueblo pequeño, pero lleno de vida. Con su escuela, la Iglesia, y una plaza rebosante de niños, los días pasaban apacibles por entre la belleza de aquel paisaje. Por esas cosas que a algunos les compromete una firma y les ofrece algunas tantas ganancias, a la gente de San Pedro les costó todo su pueblo. Grandes tuberías abrazaron las aguas del río, que no vieron más la luz. Los vecinos de San Pedro buscaron posibilidades en la ciudad cercana y debieron partir contra sus propias fuerzas. Este hombre conservaba una melancolía que iba condensando sus palabras, ya que él hablaba por muchos y era el único que mantenía una luz encendida en las oscuras noches del pueblo, que apenas se mantenía en pie. Esto lo hacia gracias a que había convertido su antiguo hogar en un comedor para los trabajadores de la mina. Iba y venia a diario para traer a las cocineras, que también venían de Calama. 


Nuestro generoso amigo nos dio su bendición y nos despidió con una sonrisa serena y agradecida; era el momento de volver para Calama, donde lo esperaba su familia. “Vuelvan pronto”, soltó antes de perderse en la oscuridad. Nos habíamos encontrado con otro de los tantos héroes anónimos del camino.
Despertamos muy temprano, antes de que llegaran los primeros trabajadores a desayunar. Llamamos a las cocineras para saludarlas, y apareció una con varios panes bajo su delantal.  Nos despedimos en la puerta y, al dar vuelta la vista, encontramos otro San Pedro… todo estaba distinto con la luz nueva y blanquecina del amanecer. 


Volvimos a cruzar las vías de tren pero algo nos llamaba a nuestra derecha: pudimos contemplar la ausencia como algo palpable en una plaza completamente inmóvil, oxidada y muda que sobrevivía en aquel desierto amaneciendo.



 ¿Qué política o ley económica podría devolver a los niños a aquella plaza?

El libro puente es una idea que solo puede tomar forma gracias a los niños: son ellos los protagonistas, los actores, los artistas. A través de los distintos libros que fueron tomando vida hemos comprobado que los niños en seguida recrean allí su propio lenguaje, un lenguaje fresco, vital, que se mantiene allí en un estado puro, paralelo al mundo adulto. El libro puente busca retratar ese universo… pero aquí, también ha sentido la necesidad de ilustrar su ausencia.

sábado, 27 de febrero de 2016

El libro comienza su viaje hasta la próxima parada


¡Manos a la obra!

Mientras el calor caía con la tarde, los chicos se acercaron a la sede de la junta de vecinos para recortar, pegar, dibujar, pintar y escribir pequeños testimonios de su vida y su pueblo, su "bello pueblo de Toconao". Además dejaron mensajes para el próximo destino del libro puente...
Muchas gracias a todos los chicos que participaron, a la junta de vecinos, a la radio comunitaria y a aquellos ayudantes anónimos que aparecen en el momento justo.



Los chicos recibieron el libro que viajó desde Tucumán

Toconao abrió sus puertas al libro puente. Calles arriba y abajo fuimos hablando con la gente hasta llegar a la radio comunitaria y a la junta de vecinos. En medio del carnaval los payasos salieron a convocar a los pequeños... y dicen que fueron vistos por las calles cantando junto a ellos. La junta de vecinos cedió su espacio para el trabajo y así más rápido que un abrir y cerrar de ojos, todo estuvo listo para empezar.

El libro de la comunidad de Quilmes llega a Toconao

Aquel libro hecho por los chicos de la comunidad de Quilmes cruzó la cordillera y, pidiendo permiso a los volcanes y salinas, llegó a un pequeño pueblo que crece en el mismo desierto de Atacama. Llegamos gracias a la ayuda de la gente de cultura de San Pedro de Atacama, que también aportó los materiales para el trabajo.


sábado, 20 de febrero de 2016

Lo que dicen los abuelos

Ellos escribieron y dibujaron en el final del libro de Quilmes.
Manos abiertas para compartir, esperando a aquellos que necesiten escuchar. Oficios y valores para transmitir de persona a persona (no para enseñar, ellos aclaran) para los próximos en continuar el círculo.



Ultimos detalles... y algo importante

Como faltaban algunos pequeños, fuimos por las casas completando el libro. En el recorrido encontramos algo importante: los abuelos tenían cosas para decir. Parece que la rueda de la vida encuentra a sus dos extremos, los mayores guardan conocimientos ancestrales y secretos vitales para las generaciones que vienen. Tanto los chicos como los abuelos parecen tener sus manos libres y abiertas para compartir.


El libro en marcha

Disfrutamos de dos tardes de taller junto a los chicos.